
José Luis Jara
Arriba, perdida en el cielo se divisaba Orión, con su cinturón que brillaba un poco más y que era realmente el que identificaba a este conjunto de estrellas. Un poco al norte, el planeta rojo que apenas se dejaba ver desde este punto desértico del septentrión norteño.
Aquí abajo, concretamente en el patio de las instalaciones de la Alianza Francesa se encontraba otra estrella que brillaba más en esos momentos.
No hablamos de una estrella del emporio de Televisa y su canal 2, sino una estrella que da luz sobre la etapa más oscura de la historia de Sonora.
Hablamos de Raquel Padilla, quien la noche de ayer presentó su libro Progreso y Libertad, los yaquis en la víspera de la repatriación, donde el objetivo que busco fue la de provocar a los lectores.
Una provocación para sacar a flote la indignación a lo largo de las 206 páginas que tiene este libro del Programa Editorial de Sonora, donde relata la historia de la deportación de los yaquis, con un interés de provocar la controversia.
Sus palabras en el evento fueron más que elocuentes: “quiero que este libro les indigne, les enoje mucho” y recordó que durante su estudio del caso tuvo que hacer varias pausas por las depresiones que le provocaba enterarse de los casos concretos, en que hombres y mujeres yaquis le relataban el sufrimiento que pasaron en este proceso de deportación hacía la zona henequenera de Yucatán.
Dice Raquel que llegaban noches en que ella misma soñaba, o tenía la pesadilla, de ser víctima de esa deportación: “soñaba que me subían a un buque de guerra para ser devuelta a Sonora”.
En este libro, Raquel padilla habla del proceso, que calificó de ignominioso y oscuro, de la deportación yaqui, porque fue un proceso al que se le creó un marco jurídico para lograr la deportación de esta tribu, orgullosa de sus costumbres y tradiciones, valiente para defender lo más sagrado de una nación: su tierra, como principal elemento de su patrimonio cultural.
Se llevaron a los yaquis a trabajar en Yucatán como prisioneros de guerra y los regresaron sufriendo el estigma de su propia gente, como yaquis yucatecos. Ello se manifestó desde el momento en que los ubicaron en un barrio que bautizaron como Mérida, en el pueblo de Pótam.
José Luis Moctezuma, uno de los presentadores del libro, afirmó que mezclar la historia con la antropología, como lo hizo Raquel Padilla en esta obra, es darle la voz a los sinvoz, es contar la historia como lo consideraba León Portilla: plasmar la historia de los vencidos.
Y en el caso concreto del pueblo Yaqui, consideró que se trata de una nación tan resistente como el pueblo catalán, capaz de resistir los embates de la historia y continuar con su principal bandera de lucha, que es la demanda de su tierra.
En su libro, Padilla desvela algunas falsas historias que se habían generado con el fin de crear líderes, como es el caso de Salvador Alvarado, a quien la historia oficial lo ubica como el hombre que logró la repatriación de los yaquis, es decir el retorno a Sonora.
En realidad, se dieron situaciones donde se negociaron cosas, porque los yaquis son excelentes negociadores. Es el caso de por qué los yaquis fueron utilizados para apoyar a José María Pino Suárez, porque a cambio de este apoyo vieron la posibilidad del retorno a su territorio en Sonora.
El libro de Raquel Padilla habla del tramposo marco jurídico que dieron los gobernantes sonorenses para deportar a los yaquis, habla del triunvirato de intereses que se generó en esta terrible historia, donde estuvieron involucrados el entonces gobernador sonorense, el regordete y oscuro de Rafael Izabal, del maquiavélico Ramón Corral Ávila que se encontraba en la vicepresidencia de México, bajo las órdenes del dictador Porfirio Díaz, y del Olegario Carrillo, entonces gobernador de Yucatán.
Cuando Raquel Padilla tomó la palabra para presentar su obra, dijo: los invito a que se indignen para que veamos qué podemos hacer.
Los yaquis, dijo, siguen luchando por su territorio. La semana pasada vinieron a Hermosillo a protestar contra las autoridades de la Secretaría de Educación y Cultura. En la actualidad, los yaquis siguen peleando por su territorio ya en un escenario internacional. Mantienen una demanda para que les devuelvan la tierra que les invadieron ante la Organización de las Naciones Unidas.
Ahora, dice Raquel, los yaquis siguen luchando, pero con mecanismos de lucha que han cambiado. No están luchando con las armas, porque las tienen escondidas y pueden tener muchas cosas más que no nos van a platicar.
Después de esto, Zenón Tiburcio, director del Museo del INAH y maestro de la ceremonia, dio por concluido el acto para dar paso a la celebración con un buen vaso de vino que ayudó a digerir la luz que dio la estrella de esta noche sobre este proceso histórico plagado de oscurantismo, intereses y racismo en contra de la etnia que le ha dado valor universal a su demanda por la tierra.
Arriba, perdida en el cielo se divisaba Orión, con su cinturón que brillaba un poco más y que era realmente el que identificaba a este conjunto de estrellas. Un poco al norte, el planeta rojo que apenas se dejaba ver desde este punto desértico del septentrión norteño.
Aquí abajo, concretamente en el patio de las instalaciones de la Alianza Francesa se encontraba otra estrella que brillaba más en esos momentos.
No hablamos de una estrella del emporio de Televisa y su canal 2, sino una estrella que da luz sobre la etapa más oscura de la historia de Sonora.
Hablamos de Raquel Padilla, quien la noche de ayer presentó su libro Progreso y Libertad, los yaquis en la víspera de la repatriación, donde el objetivo que busco fue la de provocar a los lectores.
Una provocación para sacar a flote la indignación a lo largo de las 206 páginas que tiene este libro del Programa Editorial de Sonora, donde relata la historia de la deportación de los yaquis, con un interés de provocar la controversia.
Sus palabras en el evento fueron más que elocuentes: “quiero que este libro les indigne, les enoje mucho” y recordó que durante su estudio del caso tuvo que hacer varias pausas por las depresiones que le provocaba enterarse de los casos concretos, en que hombres y mujeres yaquis le relataban el sufrimiento que pasaron en este proceso de deportación hacía la zona henequenera de Yucatán.
Dice Raquel que llegaban noches en que ella misma soñaba, o tenía la pesadilla, de ser víctima de esa deportación: “soñaba que me subían a un buque de guerra para ser devuelta a Sonora”.
En este libro, Raquel padilla habla del proceso, que calificó de ignominioso y oscuro, de la deportación yaqui, porque fue un proceso al que se le creó un marco jurídico para lograr la deportación de esta tribu, orgullosa de sus costumbres y tradiciones, valiente para defender lo más sagrado de una nación: su tierra, como principal elemento de su patrimonio cultural.
Se llevaron a los yaquis a trabajar en Yucatán como prisioneros de guerra y los regresaron sufriendo el estigma de su propia gente, como yaquis yucatecos. Ello se manifestó desde el momento en que los ubicaron en un barrio que bautizaron como Mérida, en el pueblo de Pótam.
José Luis Moctezuma, uno de los presentadores del libro, afirmó que mezclar la historia con la antropología, como lo hizo Raquel Padilla en esta obra, es darle la voz a los sinvoz, es contar la historia como lo consideraba León Portilla: plasmar la historia de los vencidos.
Y en el caso concreto del pueblo Yaqui, consideró que se trata de una nación tan resistente como el pueblo catalán, capaz de resistir los embates de la historia y continuar con su principal bandera de lucha, que es la demanda de su tierra.
En su libro, Padilla desvela algunas falsas historias que se habían generado con el fin de crear líderes, como es el caso de Salvador Alvarado, a quien la historia oficial lo ubica como el hombre que logró la repatriación de los yaquis, es decir el retorno a Sonora.
En realidad, se dieron situaciones donde se negociaron cosas, porque los yaquis son excelentes negociadores. Es el caso de por qué los yaquis fueron utilizados para apoyar a José María Pino Suárez, porque a cambio de este apoyo vieron la posibilidad del retorno a su territorio en Sonora.
El libro de Raquel Padilla habla del tramposo marco jurídico que dieron los gobernantes sonorenses para deportar a los yaquis, habla del triunvirato de intereses que se generó en esta terrible historia, donde estuvieron involucrados el entonces gobernador sonorense, el regordete y oscuro de Rafael Izabal, del maquiavélico Ramón Corral Ávila que se encontraba en la vicepresidencia de México, bajo las órdenes del dictador Porfirio Díaz, y del Olegario Carrillo, entonces gobernador de Yucatán.
Cuando Raquel Padilla tomó la palabra para presentar su obra, dijo: los invito a que se indignen para que veamos qué podemos hacer.
Los yaquis, dijo, siguen luchando por su territorio. La semana pasada vinieron a Hermosillo a protestar contra las autoridades de la Secretaría de Educación y Cultura. En la actualidad, los yaquis siguen peleando por su territorio ya en un escenario internacional. Mantienen una demanda para que les devuelvan la tierra que les invadieron ante la Organización de las Naciones Unidas.
Ahora, dice Raquel, los yaquis siguen luchando, pero con mecanismos de lucha que han cambiado. No están luchando con las armas, porque las tienen escondidas y pueden tener muchas cosas más que no nos van a platicar.
Después de esto, Zenón Tiburcio, director del Museo del INAH y maestro de la ceremonia, dio por concluido el acto para dar paso a la celebración con un buen vaso de vino que ayudó a digerir la luz que dio la estrella de esta noche sobre este proceso histórico plagado de oscurantismo, intereses y racismo en contra de la etnia que le ha dado valor universal a su demanda por la tierra.
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